jueves, 19 de enero de 2017

No me mires


Hoy he ido al cine con alguien que no eras tú.

Era la típica película que probablemente hubiéramos ido a ver. Aunque contigo tampoco me hubiese gustado, al menos hubiera jugado con tus manos.

Quien estaba hoy a mi lado iba diciéndome cosas, alguna broma, algún comentario sobre la película.
Tú en cambio solo abrías la boca para decir “no me mires” cada vez que me descubrías con la cara girada hacia ti, aunque tú a veces hicieras lo mismo.

Hoy he ido al cine con alguien que no eras tú. Y he descubierto una terrible verdad.

Una verdad ya sabida:

Que no quiero ya que nadie me mire como tú me mirabas.

jueves, 1 de octubre de 2015

Serendipia

Serendipia
"Hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta"



Tantas noches en blanco, tantas intentando amarrar las palabras, las palabras que trataban de salir como un torrente desbocado a través de los dedos... Tantas noches buscando la historia perfecta al ritmo de las velas.

A veces pienso que los momentos clave de la vida, están basados en serendipias. En pistas falsas. En hallazgos inesperados. 

Basta estar medio año en soledad, rodeada de mucha gente, para dejar salir amasijos de palabras. Y a través de esa mezcla de sinsentidos y de verdades, entonces, eres capaz de encontrarte. De llegar a entender que, primero de todo, te necesitas. Primero te necesitas, y los libros, las viejas y nuevas canciones, las historias, te necesitan a ti. 
Tantas palabras apiñadas en el cuaderno...

¿Y ahora? Ahora lo tengo "todo". Tengo besos que me hacen temblar las piernas, tengo palmaditas en la espalda, tengo brazos que me ayudan a levantarme, tengo paisajes, tengo vida... Pero esta noche la serendipia me está jugando una mala pasada.

Yo vine buscando las viejas voces y encuentro la nada. Y mi alma se muere un poquito mordida por la rabia, porque nunca hubiese tenido tantas ganas de escribir como en este preciso momento.


Cómo echo de menos esas malditas orgías de palabras...

lunes, 3 de noviembre de 2014

Suéltame para quedarme


Ayer dejé nuestro futuro debajo del asiento de tu coche. Guardé nuestros no-recuerdos dentro de la caja invisible del tiempo, para que si algún día los necesitas te sea fácil encontrarlos, para que si alguna vez das el salto tengas algo a dónde agarrarte.

Allí se esconden todas las cosas que callamos y aquellas que aún no nos hemos dicho. Las veces que no esperamos en la sala de urgencias de cualquier hospital. Las peleas que no tuvimos, las veces que no hicimos el amor como jamás lo hemos hecho. Las canciones y los poemas que no te escribí. Los regalos que no nos dimos. Los polvos que no echamos en tu coche, las veces que no follamos en mi cama. El día en que no conocí a tus padres, los domingos que no compartimos la resaca. Las llamadas que no has hecho excusándote por llegar tarde mientras no tratamos de alargar un sábado por la mañana. Las entradas de las películas que no vimos. Las calles y las ciudades que no conocimos de la mano. Los lugares donde no viajamos. Las cosas que no me has contado un día cualquiera a la vuelta del trabajo. Las veces que no nos vimos llorar. Los ataques de risa que no tuvimos en el sofá.  Los libros que no compartimos en la mesilla. Los conciertos a los que no asistimos. Las dudas que no nos atacaron. Los desayunos que no me llevaste a la cama. Las ganas de arrojarlo todo por la borda que no nos invadieron. La rutina que no compartimos.

Allí está todo bien guardado, por si algún día cualquier casualidad hace que volvamos a chocar en tu coche. Por si al fin entendemos que nuestro caos es aquello que nos calma. Mientras tanto yo me marcho para quedarme, te tiendo la mano para tener las agallas de seguir caminando. Me iré y seguiré estando a tu lado. Para cuidarme, para cuidarte y hacerte más fuerte.

Siempre tuya.
Siempre mía.
Siempre nuestras.

domingo, 28 de septiembre de 2014

T(t)-O(o)-D(d)-O(o)





Quiero arrancarse la camisa y vestirse con miradas. Quiero las dudas y las respuestas. Quiero gritos, la melancolía que sobrevuela la barrera del sonido. Quiero grabarme a fuego las curvas, aunque nunca más las vuelva a contemplar. Quiero todo el pasado y la incerteza futura. Quiero romper con todo, dejar de estar partida en dos. Quiero pasión, devorar las horas y ver pasar los minutos. Quiero sentarse en la encrucijada y salir corriendo hacia el infinito. Quiero las putas tardes de domingo con toda su maldita intensidad, inmensidad. Quiero cicatrizarse y abrirse en canal. Quiero entenderse. Quiero desconocerse.

Quiero palabras. Quiero mis palabras. Quiero que vuelvan, que se vayan mis palabras. Quiero que sean libres de ir donde les plazca.

Quiero. Lo quiero. Lo quiero todo. Ser y tener la mujer de verde.

martes, 10 de diciembre de 2013

De cuando la suerte conquistó a la felicidad




Desordenando la felicidad
me encontré con la vida.
Ajo

Abre los ojos. La mira fijamente, la mira y se ríe. Sonríe. Suena una canción que la golpea desde la primera nota, esa canción indicada para el momento preciso. La abraza y aprovecha para darle un beso en el cuello. La palabra "suerte" vuelve a salir de su boca de niña. Y rueda sobre ella, dispuesta a pasar el máximo tiempo posible jugando a la imposibilidad de levantarse de esa cama.

Cierra los ojos.  Siente. Piensa y siente. Los daños, las heridas. Lo bueno y lo malo. Por arte de magia todo se ha esfumado. No puede ser verdad. Se inquieta. Escucha a lo lejos cómo el miedo golpea a la puerta.

Abre los ojos. La mira fijamente, la mira y se ríe.

Y una vez más se prepara para la invasión. Ya tendrán tiempo de encontrar unos labios de recambio.

Entonces tiene la certeza de que, pese a todos los errores que ha cometido en su vida, lo mejor que puede hacer, lo que quiere hacer en ese preciso instante para zanjar tanta locura es arrojar las llaves por la ventana junto a su cordura.

Ya es tarde. La suerte la ha invadido y no piensa dejarla escapar fácilmente. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Cómo beber tres botellas en tres actos



Acto I. Sidra.
(Cualquier bar de Madrid)

Sobre la mesa, a la derecha, descansa una botella beige metálica. No hay vaso, no es necesario, los tragos saben mejor así. A la izquierda hay un cuaderno cuya portada está llena de tachones. Al centro, ella.

Es un punto de inflexión en su vida. Euforia. Tristeza. Se abalanza sobre el cuaderno, sus palabras lo devoran con avidez.  Perder para ganar. Ganar para perder. Al fin y al cabo lo único que desea y consigue es crecer.

Ponedme contra todas las paredes que queráis, terminaré haciendo lo que me dé la gana.

Acto II. Ginebra.
(Habitación en penumbra. Lejos de casa)

Una botella azul vacía observa la escena desde lo alto de la estantería. Al lado de ésta, se filtra por las rendijas de la ventana abierta el olor a verano con el alba que irrumpe en los portales. Los gemidos y la respiración acelerada cortan el silencio de la calle. En el suelo, las sábanas. En la cama yacen dos cuerpos.

Se le agota el tiempo. Los segundos vuelan más rápido de lo que su boca es capaz de robarle los besos a la piel. Sus dedos, hábiles, desabrochan el último corchete. Viajan por su espalda, girando a la izquierda por su cadera, saboreando lentamente la bajada hacia su sexo. Entonces, cuando sus dedos ya se han perdido entre las piernas, ella cierra los ojos. Cree que con eso basta para que el tiempo se detenga.

Es extraña esa sensación de desear a mujeres a las que nunca querrás y de querer a mujeres a las que ya no desearás. (Marwan)


Acto III. Vino blanco.
(Pequeño local con copas. Familiar)

Hay varias botellas de vino vacías sobre el mantel marrón que cubre la mesa. El arte, el olor de los platos terminados embriaga la estancia. Las anécdotas y las charlas están a punto de regarse con cava. Se puede palpar la satisfacción del trabajo bien hecho.

Entre tanta alegría se detiene un momento a reflexionar. El tiempo va pasando sin rumbo, como siempre. Las cosas siguen cambiando. Sigue sin saber muy bien hacia dónde. Ella la mira. Le agradece con una mirada cómplice haber planeado todo aquello. Sonríe.

Una buena copa de vino es como un beso bien dado. Sabes que la primera siempre llevará a la segunda.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La vida de



Muchos escribieron y escriben sobre ello.

El amor tiene infinitas texturas, miles de olores, inagotables sabores, interminables maneras. Cada relación es única, incomparable, diferente. 

Muchos escribieron y escriben sobre ello, pero por mucho que yo escribiera mil vidas, el amor sería diferente cada segundo vivido.

La vida y el amor están hechos de primeros planos.

martes, 29 de octubre de 2013

Cambios



Tres historias. Tres puntos suspensivos. Tres saltos de página.

Entones llega ese momento en el que comprendes que hay fantasmas que te acompañarán toda tu vida como una carga. Cosas que nunca te dije, besos que te pedí, orgasmos que intenté robarte, horas que arañamos al sueño, acuerdos a los que tratamos de llegar, cafés a media tarde.

Das media vuelta y ves a tu yo del pasado; a sus flores, sus cartas de amor, sus pequeños detalles insignificantes, sus palabras justas en el momento adecuado. No sabes ni dónde ni cuándo, solo lo rápido que ha sido todo. Te ves ahora, fría, distante y cómo tu alrededor resbala sobre ti como la lluvia lo hace por las farolas. Comprendes que nada te duele lo suficiente como para derramar una lágrima, quizá porque ya quemaste demasiadas, quizá porque debe ser así. Te miras al espejo y te has convertido en una persona triste oculta bajo una sonrisa, en alguien vulgar. Te cansaste de esperar, porque no hay qué ni quién esperar.


Lo peor de todo es que te has convertido en aquellas personas a quien siempre odiaste. Y sigues caminando.

viernes, 25 de octubre de 2013

Perdóname



Perdóname por que me guste demasiado el sexo. Por querer escalar tus rodillas hasta conocer las intrigas que hay debajo de tu falda. Perdóname por mirarte de esa forma, a veces incómoda y otras extraña. Por esas noches en las que echo de menos esas noches que no compartiré contigo. Perdóname por quererlo todo sin tener nada. Por que me fascinen los pequeños detalles y a veces las cosas extrañas. Perdóname por imaginar a qué sabrá tu sexo. Por querer saber cómo olerán tus buenos días. Perdóname por las cartas que te escribí. Por las que prometí escribirte y nunca lo hice. Perdóname por querer mecerme en tu sonrisa. Por despreciar el mar al bañarme en tus ojos.


Perdóname por ser yo, como soy. Por haber visto demasiado cine y leído demasiados poemas de amor inacabados. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo



La vida es pasión, es amor, es deseo, es sexo. Para haber vivido necesitas que el corazón te haya latido tan rápido que parece que se vaya a desbocar, necesitas anhelar algo con toda la fuerza y la energía del mundo, necesitas haber follado y haber hecho el amor a partes iguales, necesitas tener un corazón roto y uno reconstruido.

De qué nos sirve el cuerpo si somos insensibles al placer y al dolor, a los embistes de la vida y a los golpes de otro cuerpo contra el nuestro. Tengo el cuerpo y el corazón lleno de cicatrices y estoy agradecida a la vida por ello, pero sobre todo, agradezco al tiempo que me enseñó a secarlas aunque alguna extraña vez aún me piquen. Es bueno que piquen las cicatrices, nos recuerdan quién fuimos, dónde caímos y dónde acertamos. Es su manera de decirnos que aunque nos abramos en canal (a la vida, a alguien, a un proyecto) siempre habrá alguna manera de volvernos a cerrar para empezar de cero.

Agradezco el día que me planté y dije “soy así y aquí estoy”. La primera vez que leí “El guardián entre el centeno”. Que vinieras corriendo a abrazarme tras cuatro meses sin vernos. Que me preguntaras si podías llamar a tu madre para decirle que venía a verte. Que aquel martes por la tarde la profesora decidiera poner “Amelie” y no cualquier otra película. Que me dijeras que yo sola puedo proporcionarme cinco mil días de felicidad. Que me cuides como una madre. Las promesas de amor eterno de madrugada en mi coche. Que me echaras veintiséis años aunque no piense que los tenga. Que Estellés escribiera “Assumiràs la veu d’un poble”. Que te tumbaras a mi lado aquel día en la Montagnola. El olor de las librerías y las bibliotecas. Que pese a todo ellos me quieran tal y como soy aunque no les guste. Los orgasmos que me regalaste aquella madrugada de domingo. Que a los dos minutos de llamarte te presentaras en mi casa y me abrazaras muy fuere, que fueras aquel día casa. Que te pidiera un beso al lado del río contra mi coche y me lo dieras. Que tenga esta fobia irracional a los médicos y a las agujas. Que me ganaras esa apuesta de kit-kat. Aquella tarde que para ver a Mendoza tuvimos que estar en el extranjero. Cuando escuché por casualidad en la tele “Me he perdido”. El pequeño cuaderno como regalo de reyes. Que aunque haya unos cuantos kilómetros de por medio te apetezca pasarte casi dos horas al teléfono conmigo. Que fueras valiente aquella noche, explotaras y me contaras tus miedos. Que me vuelvan loca los rotuladores de colores. Una buena cerveza independientemente de la época del año. Tener tantos sueños irracionales e inalcanzables y aun así creer que lo imposible es posible. Pensar que nadie pueda ser tan malo, aunque luego nos golpee por la espalda. Que aunque quiera escuchar lo contrario seas capaz de decirme “no”.

Agradezco cada golpe y cada caricia. Pero, sobre todo, agradezco haber comprendido que solo yo puedo hacerme libre para poder decir luego “me he equivocado, pero al menos lo he intentado”.  Aunque podríamos haber sido muchas cosas, de no ser así no serías tú. No sería yo.

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